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EL RASTRO DE MADRID

El rastro de Madrid es considerado una referencia internacional dentro de los mercados con actividad comercial desarrollados al aire libre. Este mercadillo con más de un cuarto de milenio es un lugar emblemático que debes visitar durante tu estancia en Madrid. Pero ¿Conoces los orígenes de este gran mercado ambulante? Se cuentan por miles los años de historia detrás del rastro madrileño existiendo a día de hoy entorno a 3.500 tiendas en el rastro de Madrid que se reparten entorno a la Plaza de Cascorro en el barrio de Embajadores.

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El rastro Madrid

Un mercado relevante

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Vender en el rastro de Madrid

Venta ambulante en el rastro

La licencia para vender en el rastro de Madrid podrá ejercerse por cualquier persona física o jurídica legalmente constituida, cuya dedicación sea la actividad de comercio al por menor, reuniendo los requisitos redactados en la Ordenanza Municipal Reguladora de la Venta en el Rastro junto a cualquier otra normativa que le fuese de aplicación.

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Patrimonio cultural del pueblo madrileño

En el año 2000 el mercado fue declarado Patrimonio Cultural de Madrid. Y es que no podía ser de otra forma, pues este mercado tiene más de 400 años existiendo y dando vida a Madrid en muchos sentidos.

No se trata solo de la venta de productos, sino de la historia que hay detrás del Rastro. Como ya hemos visto, la evolución comercial-histórica de este esconde además ricos encuentros culturales con la literatura, la pintura, el cine y la fotografía.

A lo largo de los años este mercado ha sido la fuente de ingreso de muchos madrileños y turistas, ha sobrevivido guerras y dictaduras. Cabe destacar que en estas épocas difíciles la actividad comercial se mantuvo casi sin irregularidades.

No es sorpresa que muchos ciudadanos de Madrid consideren este lugar como algo propio, como una figura que representa a los madrileños, pues todos han crecido sabiendo de él y al menos una vez en su vida lo han visitado.

Nadie creería que esta zona de comercio informal pasaría a formar parte de la historia cultural del pueblo de Madrid y es que desde sus inicios cuando era solo un lugar de mataderos de reses, el Rastro siempre tuvo en potencia en lo que algún día se convertiría.

Esto se debe a que la zona de amplias calles era muy conveniente para la venta. Los comerciantes instalados y los que venían con sus puestos callejeros encontraron comodidad en el sitio. Siempre fue una zona de comercios y permanece así hasta nuestros días.

A pesar de los múltiples intentos por eliminarlo o reducirlo, el mercado se impuso gracias a que el pueblo siempre se vio beneficiado con las actividades que aquí se llevaban a cabo. La alegría y “desorden natural” del sitio siempre han sido encantadores para las personas.

La curiosidad atrae a muchos pues la cantidad de objetos raros que podemos encontrar es bastante amplia. Asimismo, es un lugar al que podemos llegar fácilmente y que nos sacará una sonrisa o hasta un suspiro, pues nos sentiremos recorriendo un sitio de antaño con una larga data.

El mercadillo de Madrid

Seguramente que algún domingo te has pasado a comprar un hermosos adorno vintage en este famoso mercadillo de madrid, y es que ¿Quién no conoce este famoso mercado de Madrid? Lo más probable es que ya sepas qué se vende allí, muchos grupos de amigos suelen pasear y ojear las diferentes antigüedades del rastro de Madrid. Muchos son los que organizan el tiempo en el barrio de la latina  para ver este mercado de arriba a abajo. Los madrileños lo conocen muy bien, pero si tu no eres autóctono de la capital madrileña, puede que te preguntes visitar en madrid en dos dias ¿no? Decirte que el rastro es una opción fantástica que no debe faltar en tu itinerario del Domingo, Tras el cierre del rastro puedes visitar los numerosos monumentos de Madrid, te aseguro que aprovecharás bien el día.

Lo que seguro que no conoces, es la historia de este mercadillo de madrid, y que tiene más de 400 años de existencia. No por nada es considerado patrimonio cultural de Madrid y es muy reconocido a nivel mundial.

Hoy te contaremos desde cuándo fue creado este mercado y por qué su nombre es tan curioso. Además, sabrás también si continúas leyendo que es mencionado en la literatura y que su diversidad de objetos y artilugios llamativos no son lo único que lo ha vuelto famoso.

Mercado del rastro de Madrid

Los españoles son curiosos por naturaleza y si no es por eso jamás hubiesen descubierto América. Es por eso que si eres de esas personas que les llama la atención la historia y las compras esto te va a interesar.

En el rastro podemos conseguir casi cualquier cosa. Los objetos de segunda mano se venden a buen precio y además colaboran con la cultura de la reparación. Dejar de lado por un rato el pensamiento consumista de comprar siempre algo nuevo puede hacernos cambiar el mundo.

Y en este mercadillo podrás darle una segunda oportunidad a objetos que ya no son requeridos por sus dueños anteriores.

Un típico domingo podrás asistir con tu familia a tan pintoresco lugar, aquí te contaremos el pedacito de la historia que ocupa el mercadillo el rastro para que puedas contarles a tus amigos por qué este lugar forma parte de la cultura española, tanto como una plaza de toros.

Origen del rastro madrileño

Como ya te venimos contando el rastro tiene más de 400 años existiendo, si creías que es un mercadillo que tiene más o menos tu edad pues te equivocas. Su origen es muy antiguo y su peculiar nombre también esconde una gran historia.

Antes de que fuera un mercadillo e incluso mucho antes de que se conociera como El Rastro, esta zona era popular por la cantidad de mataderos que había. Esta actividad atrajo a una cantidad de pequeñas industrias que trabajan el cuero, como curtidores, zapateros, artesanos de correas, etc.

Asimismo, los vendedores ambulantes comenzaron a aglomerarse en la zona, lo que hizo que esta creciera a nivel comercial.

El particular nombre del Rastro, se originó debido a que las reses degolladas eran transitadas por el camino desde el matadero hasta las zonas de curtidoras. Estas dejaban un “camino o rastro” de sangre, cuando las movían de un lugar al otro.

Con el tiempo la actividad comercial de la zona fue creciendo siendo los “ropavejeros” los más populares. Estos vendían ropa usada a un precio bastante razonable. El Rastro perteneció a los “Barrios bajos”, pero no eran conocidos así porque se trate de un lugar económicamente bajo, sino porque la pendiente de la villa era muy pronunciada.

Conociendo el lugar de origen

El Barrio del Rastro era cómo se conocía la zona que actualmente alberga el mercado del rastro de madrid. A pesar de que en sus inicios, cómo hemos comentado los comercios principales eran los mataderos. El primer matadero del que se tiene registro en el lugar fue abierto en torno a 1497.

Aunque no hay un documento que nos ayude a ubicar el matadero de forma precisa, los manuscritos y planos de la Biblioteca Nacional ayudan a situarlo. Además, se conoce que ya usaban el nombre del Rastro para la zona.

Específicamente el manuscrito Mss.  5.918 de la Villa documentando desde 1625, habla de tres mataderos ubicados allí y menciona en reiteradas oportunidades el nombre del Rastro, aludiendo a la zona como un punto de referencia entre las distintas calles y manzanas del lugar.

Para tener una mejor visión del mercado en aquel tiempo, te describimos algunas las calles antiguas y actuales:

El documento menciona varios mataderos entre ellos el Viejo, Matadero abajo y uno ubicado en la calle de Toledo. Hace mención que el Matadero Viejo estaba  en una plaza y que había una Plazuela del Rastro. Esta última es conocida hoy día como Plaza de Cascorro.

“El frente del Rastro” que también es mencionado en el documento que sería actualmente la calle Amazonas, asimismo la Calle Carlos Arroches para ese entonces la Calle del Piñón, también formaba parte del frente del Rastro.

El documento fue realizado en 1652, aunque la visita para su realización fue hecha años antes, en 1632. Este documento puedes encontrarlo en la Biblioteca Nacional pues contiene un estudio detallado e interesante del lugar.

Se presume que a pesar de que los historiadores de planos afirman que el Rastro se construyó en 1650, es probable que estuviera activo y en actividad mucho  tiempo antes. Y una de las evidencias está en el manuscrito Mss. 5.919 que es anterior a la fecha oficial.

Hay evidencia de esto en otro documento: el plano De Witt. Este no solo contiene información detallada del Rastro sino que es el plano más antiguo de Madrid y data de 1635. En él se señala al Cerrillo del Rastro como “Rastra”, lo que en el Plano de Teixeira (de 1656) sería La carnicería Mayor y el Rastro.

Como vez el origen de este mercadillo es mucho más singular de lo que creías. Asimismo, su nombre tan peculiar se presume fue heredado de los mataderos y rastro de sangre de las vacas al pasar por el sitio.

Aunque no se sabe exactamente de cuál de los mataderos se heredó el nombre, al parecer era costumbre llamar a los mataderos o cercanías de estos como el rastro. Pues se sabe que Cervantes estuvo en Valladolid alojado en una calle llamada el Rastro, donde también había mataderos.

Lo que sí sabemos es la zona, el barrio, las calles y el mercado guardaron dicho nombre, tanto es así que en la actualidad el gran mercadillo es conocido así. ¿Conocías esta gran historia? Seguramente no, pero continúa con nosotros para que sigas descubriendo más de este llamativo lugar.

Evolución comercial del Rastro

Ya hemos abarcado varios aspectos del Rastro y de su espontánea evolución histórica. Sin embargo, recorriendo sus calles y conociendo algunas de las cosas que se venden en la actualidad podemos percatarnos del gran cambio, con respecto a lo que se vendía en los comienzos.

Es por eso que si ya conocimos las características históricas, literarias, arquitectónicas, también debemos ceder un espacio a lo más importante del mercado: su actividad comercial.

Y sí, es que llama mucho la atención el hecho que de carnes, pieles y velas de cebo ahora podamos conseguir muñecas de porcelana, cascos, teléfonos y hasta pinturas. Esto es quizás unas de las curiosidades más notables de la evolución del mercadillo y no podíamos dejarla pasar por alto.

Antecedentes del mercado

Antes de la formación del mercado en la zona del Rastro, se sabía que alrededor de 1561 en Madrid existían muchos puestos de baratijas a lo largo de la ciudad. Una prohibición surgió en 1599 para darle a la ciudad un poco de orden, que dictaba que quedaba prohibido vender objetos propios o ajenos.

Sin embargo, la necesidad de obtener alimentos y bienes de los madrileños se impuso sobre la ley, lo que hizo que estos puestos ambulantes de aglomerasen alrededor de plazas y calles.

Llegado 1600 la industria del cuero y las actividades ligadas a la carne se hicieron un espacio en las cercanías con la inauguración del matadero de la Villa cerca de la Plaza Cascorro y otros más que serían construidos en la Puerta de Toledo.

Comercios en el siglo XVII

Estos mataderos dieron pie a una serie de comercios ligados a los subproductos de la carne, además, nace el nombre del Rastro gracias al camino de sangre que dejaban los vacunos cuando los trasladaban de un matadero a otro.

Principalmente los puestos que comenzaron a surgir por la zona eran casquerías, curtidoras y todo lo que provenía de la carne y piel del ganado. Algunos mataderos fueron trasladados y otros cerrados o suplantados por mataderos de cerdos, lo que propició la venta de productos nuevos en el lugar.

Entre estos productos encontrábamos velas de cebo, manteca y hasta aceites. Estos fueron los primeros comercios con más influencia en el lugar y permanecerían allí hasta finales de siglo.

Comercios en el siglo XVIII

Adentrándonos en el siglo XVIII llegando las industrias y el desalojo de los comerciantes de las Plazas principales, estos se fueron apropiando del Rastro desplazando así los mataderos y los trabajadores del cuero y piel.

Estos gremios vendían más que todo ropa y estaban regulados por la ley. Sin embargo, no todos podían pagar sus precios, lo que hizo que mercaderes ambulantes y ropavejeros que habían sido movidos de la Plaza Mayor llegaran a la zona a vender.

Estos vendedores eran ilegales y vendían a precios baratos lo que hizo muy popular la zona. En medio de todo este escenario comenzó una disputa entre comerciantes “legales” e “ilegales” y a pesar de que la policía y autoridades estaban de parte de los legales, no pudieron desplazar a los ilegales, pues debido a sus precios muchas familias preferían comprarles a ellos.

Además, gracias a sus precios económicos visitantes de otros pueblos venían a comprar ropa o muebles por unas cuantas monedas. Los días más movidos eran los domingos y festivos, pues eran cuando había más personas transitando la zona.

Comercios en los años 1800

Durante el final del siglo XVIII y comienzo de los años 1800 la actividad comercial del mercado fue aumentando, de tal forma que las autoridades no tuvieron más remedio que aceptar las diferentes formas de comercio informal y callejero de la zona.

Sin embargo, la municipalidad pidió a cambio de la aceptación una licencia, sin esta no se podía montar el puesto en la calle. Esto fue un intento de mantener cierto orden en el lugar, pero muchas veces no se cumplía por lo que siempre había un cierto aire de caos en la zona.

Para este tiempo como bien lo describía en su diario María Bashkirtseff, ya podíamos encontrar todo tipo de mercancía, que era además publicitada a gritos en la calle. Entre las cosas que podían encontrarse había no solo ropa nueva y usada, también zapatos, alfombras, muebles, libros, frutas e incluso verduras.

Una de las cosas más llamativas del lugar era que los vendedores inventaban frases ingeniosas para promocionar su producto. A partir de esto el lugar no solo tenía vendedores, sino que aparecieron artistas, músicos, cámaras oscuras, charlatanes y espectáculos.

 El regateo era común y además este sigue siendo la relación esencial entre vendedores y clientes del Rastro.

Comercio de los años 1900

Es de saber común que el mercado siempre abre domingos y feriados, sin embargo, fue en 1905 que se declaró la “Ley de Descanso Dominical” reconociendo la actividad del Rastro y otorgándole el permiso de vender los días domingos.

Este acto fue para que quedara alguna constancia de la actividad comercial, porque en realidad esto ya llevaba cientos de años siendo así. Fue así entonces como comenzaron los comercios de las calles a abrir solo en domingo y no en día de semana.

Otro evento que se dio en esta época fue la aparición de bazares. Estos eran una especie de comercios que se establecían en los patios, tenían una identidad “corporativa” y con nombres bastante llamativos.

En estos se vendían productos de alta calidad, mayormente objetos de herencias. Asimismo, los anticuarios también aparecieron en la zona atrayendo a públicos mucho más selectos todavía. Para los años 50 los anticuarios desaparecerían dando pie a las Galerías.

Estas al inaugurarse fueron un éxito comercial y atrajeron muchos turistas sobre todo en los años 70. Para 1998 las autoridades comenzaron un control sobre la expansión de los puestos callejeros, prohibiendo los comercios en las calles adyacentes del Rastro.

Esto daría pie a varias regulaciones y entre ellas una que permanece hasta la actualidad, que dicta que no puede haber más de 3500 puestos por metro cuadrado.

Comercios en el año 2000 y la actualidad

Para el año 2000 y hasta la actualidad el mercado sigue vendiendo una gran variedad de productos. Sin embargo, como hemos mencionado anteriormente hasta el año 2000 se vendieron animales como pájaros, perros, gatos y tortugas en el mercado.

Esto se debe a que hubo un reglamento que prohibió la venta de animales vivos en comercios callejeros. Estos solo pueden ser vendidos en tiendas reguladas. Hoy en día no solo encontramos galerías de artes y artistas callejeros, además de casi cualquier objeto que estés buscando.

También hay bares y restaurantes de tapas que nos dan la bienvenida luego de nuestro recorrido por el mercado. Las ventas más famosas son las de ropa, objetos antiguos y libros, sin embargo, podrás encontrar de todo en el lugar.

Como has visto en este recorrido por la historia comercial del Rastro hemos pasado de carnes y pieles a objetos antiguos, comics, ropas y de más. Este lugar en sin dunda un sitio mágico que se preserva a lo largo de los años como el marcadillo más importante de Madrid.

Conoce los protagonistas del Rastro: sus vendedores y clientes

En sí mismo el Rastro es el protagonista de cientos de historias como hemos visto, sin embargo la vida del lugar siempre se la han dado sus vendedores y compradores.

Los primeros, que con su “canto” te gritan una frase ingeniosa para venderte un producto y los segundos que son maestros del regateo y que están dispuestos a pagar por un tesoro, son los protagonistas vivos de las historias que aquí se crean.

Es por eso que muchas historias en obras literarias o en obras teatrales siempre contaban con algún vendedor o relación comercial del Rastro como protagonista o coprotagonista, pues la vida diaria de estos personajes de seguro era más interesante de lo que podríamos pensar.

Los rostros del Rastro: vendedores fijos

Por lo general se hace una distinción al hablar de los vendedores del Rastro, a pesar de que todos tienen sus puestos desmontables, en la calle los hay fijos y ambulantes. Estos últimos vendían durante la semana no solo en el Rastro, sino en diferentes mercados de todo Madrid.

Los vendedores fijos contaban con un puesto que había sido asignado por el Ayuntamiento, luego con la regularización de licencias y permisos se llevó mejor control de estos. Además, debían pagar a la municipalidad el espacio que ocupaban.

El historiador José Nieto Sánchez en su libro Historia del Rastro: Los orígenes del mercado popular de Madrid, 1740-1905, nos relata un poco cómo fue la vida de estos vendedores en varias épocas, pero aquí te describiremos un poco la pintoresca vida de estos, basándonos en las primeras página del capítulo 9 del libro.

Saturnino Blanco

Este señor es un ejemplo de cómo los vendedores “sedentarios” o fijos, podían pasar de cero a a ricos gracias al comercio en el Rastro. Se dice que era un sastre que intentó ingresar en el gremio de los prenderos y que tuvo un negocio de pieles que fracasó, cerca de la Ribera de Curtidores.

Estuvo trabajando como ropavejero hasta que en 1831 aparece como ocupando un gran cargo en el gremio de “prenderos”. Probablemente por ser un partidario de la política de la época logró conseguir dicho lugar, pero lo más admirable fue que los siguientes dos años contaba con una gran fortuna.

No solo tenía 5 casas sino que poseía mercancías valoradas a buen precio y muchas relaciones sociales con las clases altas. Se dice que estas amistades fueron las que les permitieron realizar buenos negocios y obtener la fortuna que tuvo.

Saturnino fue solo un ejemplo de muchos comerciantes que lograron amasar grandes fortunas con un poco de habilidad y sus relaciones sociales.

Los rostros del Rastro: vendedores ambulantes

Los vendedores ambulantes no podían conocerse con tanta facilidad como los fijos, de hecho, llevar el control de estos o de sus mercancías era mucho más difícil. De hecho, comprarle dos veces al mismo vendedor ambulante durante el siglo XIX era poco probable.

Es por eso que José Nieto no habla de personas en concreto sino que se refiere a ellos de manera más generalizada. Aquí describimos algunas de sus mercancías y actividades durante la época del siglo XIX.

A finales de este siglo comenzaron a licenciar los puestos de los vendedores ambulantes, para tener un mejor control del mercado, esto permitió conocer con más exactitud algunas de las mercancías que estos comerciantes ofrecían.

Entre los más populares o los que poseían más mercancía encontrábamos los del área textil, como pañuelos, cintas, encajes. También los que vendían pomadas, perfumería o quitamanchas y objetos de ferretería no podían faltar en la lista de los más populares.

Dentro de los comerciantes ambulantes existían diferencias entre vendedores, hablamos de que algunos puestos eran mejores que otros y por ende, ganaban mucho más que otros. Algo que influyó notablemente en esto es el gusto del cliente, pues al parecer los ambulantes acostumbraban a cambiar con regularidad la mercancía para no ofrecer siempre lo mismo.

Sin embargo, el éxito de los comerciantes ambulantes no residía en el cambio constante de productos, sino en su capacidad de vender sobre todo productos de lujo, que además ofrecían a precios más bajos que los vendedores con tienda, es decir, los fijos.

Vendedores del Rastro en la actualidad

Hoy en día podemos encontrar muchísimos tipos de objetos en el mercado, desde velas, máscaras de gas, libros, medicinas naturales, teteras, ropas, cuadros, hasta zapatos, muñecos, antigüedades, teléfonos viejos y más.

En la actualidad los vendedores del Rastro pertenecen a una asociación, que les ha permitido organizarse mucho más. De hecho si has caminado por el mercado alguna vez, notarás cómo están distribuidos los comerciantes en las zonas o calles, según el producto que venden.

Pues se han categorizado los productos y organizado a los vendedores bajos estas para tener un mejor orden del mercado. Esto no solo facilita las ventas, sino también el tránsito e incluso las compras por parte de los clientes.

En el año 2000 se prohibió la venta de alimentos y animales en los puestos callejeros, es lo único que no encontramos en las ventas de calle del mercado, pues hasta hoy día sigue vigente este reglamento.

Hay una gran diversidad de vendedores, pues no solo hay madrileños aquí, sino también extranjeros y algunos forasteros ofreciendo sus mercancías. Vienen de todas partes del mundo y encontrarás incluso algunos vendiéndote en otros idiomas.

La amabilidad y receptividad de los vendedores es única, todos tratarán de venderte y te atenderán como nunca. Algunos llevan más de 50 años en el Rastro, por lo que no te faltarán cuentos y anécdotas que complementarán tu experiencia en el lugar.

De hecho, muchos cuentan que con el auge de la tecnología y el cambio de consumo el producto que venden actualmente por menos de 20 euros, antes podían venderlos por cientos de pesetas. ¿Quién sabe? Es posible que te topes con un descendiente de algún comerciante que estuvo en los inicios del Rastro.

La convivencia de diferentes etnias, grupos religiosos y razas en el Rastro es un ejemplo para todas las sociedades, ya que es un lugar donde el respeto prevalece siempre por encima de cualquier ideología o diferencia.

Los clientes del Rastro

Los compradores también formaban parte importante de la vida del Rastro, pues sin estos no había mucho sentido en que los vendedores estuvieran allí. Como leemos en el libro de José Nieto, para el siglo XIX, los compradores “mañaneros”, eran aquellos que compraban carnes, verduras y comida a primera hora del día.

Estos clientes no solo eran personas del barrio, sino que los mismos vendedores fijos se convertían en clientes para obtener víveres a buen precio. La mercancía de los vendedores ambulantes, generalmente era dirigida a compradores de bajos recursos que buscaban obtener bienes a bajo coste.

Se dice que las mujeres eran los principales clientes del Rastro, pues estas no solo compraban alimentos, sino todo tipo de objetos y despojos. Los hombres por su parte permanecían más en los bares.

Las mujeres no solo compraban sino que verificaban la mercancía, pesaban con sus propias manos los objetos e incluso probarse alguna que otra pieza de ropa. Esto quizás no ha cambiado hasta la actualidad ¿ustedes que dirían?

Los domingos como era y sigue siendo costumbre el marcado recibía muchos más compradores, pues era el momento donde vecinos cercanos de otros pueblos podían ir a visitar al Rastro. Hoy en día no solo vecinos de otras ciudades, sino personas del mundo entero vienen a conocer este mercadillo de Madrid.

La actualización de la zona y de los medios de transporte entre los siglos 19 y 20 facilitó el acceso a muchas más personas al lugar, es por eso que nadie se perdía una rebaja u oferta a pesar de vivir lejos.

¿Sabías que el Rastro es Patrimonio Cultural de la Ciudad de Madrid?

Después de todo lo que hemos hablado no es sorpresa que el Rastro sea considerado un Patrimonio Cultural de Madrid, pues este ha formado parte de su historia durante más de 400 años, al menos en los registros de documentos y planos así se evidencia.

Los madrileños quieren conservar el mercado como ha sido tradicionalmente, por lo que las ventas de comercios callejeros son bienvenidos. De hecho este “desorden” que crean estos puestos forman parte del encanto del mercado.

La zona que ocupa el mercado siempre le ha correspondido y lo podemos ver desde su evolución espontánea. En el mercadillo encontramos prácticamente de todo y las aglomeraciones de personas pueden resultar difíciles, pero es parte de la experiencia de visitarlo.

Casi todas las guías, por no decir que todas, de viajes a Madrid incluyen una visita al Rastro. Toda la historia y los testimonios de cientos de años que este mercado guarda son sin duda un atractivo turístico e histórico.

Además, es una de las zonas comerciales de Madrid más movida, podrás encontrar a buenos precios lo que buscas y si te fijas bien, seguro que encuentras un tesoro.

El Rastro de Madrid

“El mercado que todo el mundo debe visitar al menos una vez en su vida”